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Mi Cristo Sacerdote
José Antonio Dominguez Mateos
nene@jerez.es

Ay, Jerez. Ay, mi Jerez. Ay, mis jerezanos. Cómo nos pesa la losa de la ignorancia. La tendencia al querer y no poder. Al no ser y creernos. Al no tener y aparentar. Esa costumbre de hablar sin criterios, de dogmatizar sin conocimientos. Qué triste esa manía tan nuestra de erigirnos en jueces, verdugos y sepultureros de cualquier hecho o persona que se nos antojen contrarios, sin preocuparnos siquiera de comprenderlo, de conocerlo en su justa dimensión. Porque, después de todo, para qué íbamos a intentarlo, si no íbamos a ser capaces. Si nuestras malditas limitaciones nos lo impedirían. Por ignorantes.

Huérfanos de criterios "salvo las honrosas y contadas excepciones de siempre", abrazamos la crítica feroz del hecho deplorable según nosotros, como si las muestras de ensañamiento y acritud nos granjearan ante el resto una imagen de cofrades sabios y coherentes que no nos pertenece. Usamos, para ello, argumentos endebles y superficiales, meramente estéticos, ceñidos siempre al parco gusto personal de cada cual. Reducimos, en resumen, nuestro universo cofradiero a una mera cáscara de filigranas cutres y pobres, deslucidas por el sucio polvo con que el desconocimiento lo cubre todo. Todo queda en una simple y estúpida pose. A un figurar bien en la foto. Valoramos en sumo grado cualquier cambio que se nos presente atractivo a todos los sentidos, excepto al común. Así, no son pocas las voces que se alzan, soberbias, ufanas, ataviadas de una solemnidad que les viene grande como una túnica sin dobladillos a un nazareno de dos años, para pedir solíticas cualquier aberración, justificando tal o cual cambio revolucionario en función de No-Se-Cuál prestigio de cofrades reconocidos. Lo mismo da pedir una Magna de Palios, que Agrupación Musical para el Señor de la Vía Crucis "buscando la simplista asimilación al pasocristo de los Gitanos de Sevilla", Cornetas y Tambores para la Lanzada, paso nuevo para la Cena "y que no procesionen en el Corpus, que allí no pintan nada, a ver qué se han creído éstos…", o, los menos escruplsos "los más crueles, los más ignorantes", se atreven con sugerir el cambio de Tal o Cual Titular, sin más. Por feos.

Con este panorama no pueden extrañar algunas reacciones "resulta agradable descubrir, sorprendentemente, que son, de momento, una minoría" a la decisión tomada por la Hermandad del Soberano Poder de revestir como Sacerdote a su Imagen Titular. Capten lo fino que he hilado con lo de revestir como Sacerdote, en lugar de revestir de Sacerdote. Porque al Señor no se le ha puesto un atuendo de algo ajeno a Él, sino que se le viste asumiendo una de sus naturalezas. Es Cristo Sacerdote, representado en la plenitud de sus atributos. Es Cristo Eucaristía, el Cordero de Dios. Es, en definitiva, hacer de una Imagen Titular lo que siempre se hizo con ellas: dar una catequésis ritual, destinada a aquienes sin ese tipo de canales de comunicación, no profundizarían siquiera mínimamente en sus creencias.

Y ay, Cofradías. Ay de las "de mis" cofradías, de nosotros, de todos, si algún día olvidamos que es ésa nuestra función, ésa nuestra explicación y eso lo que nos ha mantenido vivos durante siglos. Es nuestra justificación. Lo que nos da vida y nos eleva a algo más que meros adornos folclóricos, bienes muebles una vez al año. Es lo que rompe la cáscara absurda y pobre con que nos cubren aquellos que no comprenden, que no entienden ni saben. Es lo que hace que, aún hoy, las cofradías y los cofrades sigamos mereciendo la pena.


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